Madison.-
El peso del satén blanco sobre mis hombros no se sentía como el comienzo de una vida, sino como el cierre definitivo de una.
Elegimos apresurar el matrimonio, mientras más tiempo pase siendo la señora Foster será mucho más creíble que mi hijo es de Edgar.
El vestido era sencillo, de líneas puras y seda líquida ocultando con elegancia la incipiente curva de mi vientre, aquella pequeña protuberancia era la única razón por la que estaba aquí.
— Te ves hermosa, Maddie.
La voz de Edgar