Madison.-
El dolor mezclándose con la rabia por las acciones de Todd, reducía mi mundo a cuatro pasos de largo y tres de ancho. Pero, en mi vientre el pulso seguía siendo mi fuerte.
Un pequeño que no se rendía y yo tampoco lo haría.
Había perdido la noción del tiempo con el pasar de los días, pero cada día se podría decir que a la misma hora la puerta se abría la mujer que siempre traía mis vitaminas y comida, ahora sé que se llama Rosa venía a darme aliento solo con su mirada dulce y una so