Sí, acepto...
Todd.-
Me desperté con el sabor amargo de la bilis en la garganta, pero era por el licor de la noche anterior.
Era por la confesión de Beatrice, aquella frase que seguía martilleando mis sienes con la fuerza de un mazo.
“Estoy esperando un hijo tuyo”
Me levanté de la cama, dirigiéndome a la ventana el sol de la mañana me golpeó con una energía insultante. Apoyé contra el vidrio frío, cerrando los ojos.
— Un hijo
La palabra que debería haber sido una bendición, se sentía como un tumor.
No