Enfrentamiento

Olivia.-

Me encierro en el baño del restaurante, veo mi reflejo en el espejo, exhalo aire sintiéndome derrotada y agotada al mismo tiempo, arrepintiéndome de mi decisión. Estoy pasando por mucho y ahora tengo que enfrentarme a los fans de la loca sicótica de la ex de Damián. 

No sé cuánto tiempo pueda seguir soportando todo esto. 

Abro la llave del grifo y lleno mis manos con jabón intentando eliminar el mal olor de mi ropa cuando suena mi celular, veo el nombre en la pantalla. 

— ¿Hermana que pasó? ¿Tú y Martina están bien? 

— Bien que digamos bien no, pero ¿Por qué me lo preguntas? –un escalofrío se instaló en la boca de mi estómago. 

— Estás en todas las redes, alguien te atacó, dime que no te lanzaron acido. No, bueno, si fuera así estarías pegando gritos como loca, pero ¿estás bien? 

— Sí, Laura –respondo con fastidio, pero las lágrimas nublan mi visión–. Estoy… bien, no sé si pueda seguir con este matrimonio es que… 

— Sé que no te gusta llamar la atención, pero lo haces por Martina es importante y el tiempo pasa rápido. Mañana vuelves a la empresa y todo estará más tranquilo, te lo aseguro. 

Deseaba tanto que las palabras de Laura hicieran eco en el universo y se hicieran realidad, pero sé que al lado de Damián nada será tranquilo. 

— ¡Hola, preciosa, te traje! 

— ¿Preciosa? –oigo que alguien le dice a mi hermana–. ¿quién te llama así? 

— Eeeeh… nadie, es solo un idiota que me está echando los perros pero –suelta una pequeña carcajada nerviosa–. luego te llamo Livi.

— Espera ¿estás saliendo con alguien? 

— Ya te dije que no, un beso para Martina, ¡Las amo! –la llamada se cuelga abruptamente dejando solo el sonido de la línea. 

— Eso fue raro. 

Seguí intentando quitarme el mal olor. Podía hacerlo de mi cuerpo, pero no de la ropa y simplemente no podía salir desnuda del restaurante, tenía que solucionarlo, pero Laura ni siquiera me dio chance a pedirle algo. 

—  Olivia, el dueño te consiguió algo de ropa ¿estás bien? – escucho a Damián tras la puerta.

— Estoy bien –le respondo con algo de enojo, toda esta situación es por su culpa y su loca idea de convertirme en su esposa.

— Voy a dejarte la ropa al pie de la puerta – mire al cielo y agradecí, cuando todo se quedó en silencio abrí la puerta y en suelo estaba un uniforme, el mismo que usaban las meseras, ahora no estaba él, pero si la solución era peor que el problema. 

(…) 

Me miré en el espejo y luego vi mi ropa mal oliente dentro del lavamanos. Una vez más miré mi atuendo era un top negro minúsculo y una mini falda con pliegues. 

— Este definitivamente no es mi día, ¿podría pasar algo peor?

Salgo del baño con la intención de irme de inmediato y enterrarme bajo las sábanas de mi cama y olvidar este día, cuando veo a Martina con Damián comiendo y conversando, mi pequeña le sonríe con emoción. Hacía mucho tiempo que no la veía sonreír así, mucho menos sentirse tan cómoda con alguien, aunque ese alguien sea Damián Lennox. 

— ¡Vaya! Pero, si aquí tenemos a la flamante esposa –reconocí esa voz de inmediato y todo el ambiente se oscureció –veo que has…mejorado tu aspecto– sus ojos me miran de arriba abajo con desprecio –. Por tu culpa ahora Damián está en la boca de todos como un salvaje. 

— Su reacción no fue mi culpa y si tan mal te pareció que defendiera a su esposa pues entonces díselo a él, no a mí, con permiso. 

— Escúchame muy bien arribista –me sujeta el brazo con fuerza, lastimándome–. No sé porque Damián eligió casarse contigo y echar todo nuestro esfuerzo a la basura por ti, pero te puedo asegurar que no es amor, así que lo mejor es que te vayas con cuidado y no interfieras en su carrera. 

— En primera ¡no me vuelvas a poner un solo dedo encima! –le advierto soltándome de su agarre–. En segundo lugar, te aconsejo que resuelvas tus problemas con Damián ¿Qué es lo que te duele? ¿Perder a la gallina de los huevos de oro? Me importa una m****a la gente como tú no vale nada.

Me doy vuelta para irme, pero no me deja alejarme. 

— No te hagas ilusiones con Damián, él jamás se fijaría en una mujer como tú. Nunca lograrías satisfacer sus gustos, así que bájate de la nube si es que te subiste a ella, porque no te quedarás con él, Damián siempre tiene un propósito para todo lo que hace. 

Se aleja después de escupir todo su veneno. No podía moverme de ese lugar. Tenía claro que la decisión de Damián de casarse conmigo era por la enfermedad de su abuelo, pero el tono que usó su manager ¿Tendrá Damián otra razón oculta para casarse conmigo? Pudo haber elegido a otra mujer, una sin tantas responsabilidades ¿Por qué yo? 

Debo descubrir cuál es su juego.  

— Te ves… –Damián me mira de arriba abajo, lo veo tragar saliva y removiéndose en el asiento. 

— ¡Wow! Mamá ¿de dónde sacaste ese cuerpazo? 

— Vámonos Martina.

— Yo puedo llevarlas, afuera hay paparazzi no… quiero que se vayan solas –me dice mirándome como un maldito pervertido. 

— Sí, mamá vámonos con Damián. 

No quise hacer enojar a mi hija y de mala gana tuve que acceder. Martina iba en el asiento de atrás con sus audífonos escuchando su música, yo iba en el del copiloto tratando de cubrir mis piernas sin tener éxito. De reojo, podía ver a Damián aferrándose al volante, cada tanto mirándome las piernas, podía enojarme y reclamarle, pero había una parte de mí a la que no le enojaba sus miradas. 

Al tenerlo cerca, mis neuronas entran en corto circuito y no me dejan enfocarme. No puedo olvidar las palabras del déspota de su manager. 

Pero, es que es tan apuesto, y el aroma de su loción está impregnado en el interior de su auto. Es el mismo aroma que tenía en su cuello y en su torso desnudo aquella noche. 

— Llegamos –miré por la ventana, ya nos encontrábamos en la mansión. Salté del auto como si mi vida dependiera de ello. 

Con urgencia necesitaba una ducha y bien fría. 

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