Pareces Zorrillo

Damián.- 

Después del momento que tuve con mi flamante esposa, no podía continuar en esa casa, es como si fuera una cárcel, un lugar en donde no podía ser yo mismo, lo único bueno fue el breve momento que tuve con Martina, tener a alguien cerca que ame la música tanto como yo es una bocanada de aire fresco, no todo fue tan malo. 

Sin embargo su gruñona mamá no deja que me acerque a ella, también está el hecho de que… estar cerca de Olivia me está afectando demasiado, no puedo evitar pensar en esa noche, queriendo que los recuerdos lleguen, pero nada. Aunque hay una parte de mí que sí parece recordarla.

No, no puedo pensar en aquello…

— Damián ¿me estás prestando atención? –reacciono al sentir la mano de Tom sobre mi brazo. 

— Sí –miento–, hablas de la disquera. Mira, ahora tenemos que coordinar todo sin afectar mi tiempo en la empresa. 

— Las cosas no son así, tu carrera va primero. 

— Cuando la disquera me contrató sabían quién era yo, de que familia provenía, era cuestión de tiempo para que me convirtiera en el heredero del imperio Lennox –aparté mi brazo del suyo con un movimiento brusco–. Hice una gira bastante extensa y “entre tú y yo” se está vendiendo bastante bien, me merezco un descanso. 

— Está bien, está bien –expresa Tom rindiéndose–. Solo te digo que si no te enfocas tu carrera se va al caño. Sí, tienes razón, entre tú y yo es muy buena, pero ya lleva un año debes lanzar una nueva canción, ¿Cuándo regresa tu nana del crucero? Necesitamos que escriba nuevas canciones. 

Cuando le iba a responder a Tom lo que se merece escucho mi nombre al otro lado del restaurante, era Martina. 

— ¡Genial! –gruñó con desprecio–. ¿Esta mujer te está acosando o qué? ¿A dónde vas? 

Ignoro a Tom por completo, mis pies se mueven solos y sonrío al ver a Martina, pero me detengo cuando un hombre un tanto sospechoso se acerca a Olivia, acelero mis pasos para llegar hasta ella. 

Después de la boda ha sido acosada por los paparazzi y ella aún no sabe lidiar con estos buitres, al estar a no menos de diez pasos el hombre le lanza algo a la cara, veo a Martina saltar del asiento para defender a su madre. 

Escucho las palabras que dice el idiota gritando por todo el lugar. 

— Esto es por hacer sufrir a Brandy ¡ZORRA!

Acto seguido empuja a Martina a un lado, haciéndola caer en el piso al ver su expresión de dolor mi visión se volvió borrosa, un túnel que me mostraba solo al que quería golpear, un gruñido escapó desde lo más profundo del estómago desgarrándome la garganta.

El idiota intentó escapar, pero le bloquee el paso sentí un impulso violento recorriendo mis músculos. 

— ¡¿Cómo te atreves a atacar a MI ESPOSA?!

No le di oportunidad para defenderse, mi puño terminó en su boca, no me bastó con verlo caer al piso ahora manchado de su sangre, me fui contra él… lo golpee una, dos, tres hasta que me apartaron del miserable. 

— ¡DAMIÁN BASTA! ¡¿Te volviste loco?! 

— ¡SUELTAME! –le exigí a Tom quien me sujetaba los brazos con mi cuerpo pegado al suyo–. Dile a quien te haya mandado que si vuelven a atacar a mi esposa o a su hija lo voy a demandar, comenzando por ti idiota, Tom llama a la policía. 

— ¡¿Qué?! Damián, ¡no! es un fan y ya lo dejaste como saco de boxeo déjalo ir. 

— ¡NO! –le grito en la cara haciéndolo retroceder un paso –. A mí me pueden hacer lo que sea, pero a ellas no, llama. a. la. policía o te despido ahora mismo– ordené apretando los dientes con mi voz rugiendo.

Los ojos de Tom casi se salen de sus cuencas, desvió su mirada hacia Olivia y Martina y luego a mí, vi un deje de tristeza o decepción. No supe descifrarlo ante la rabia que me recorría por las venas en ese momento, pero asintió sacando su teléfono. 

— Señor Lennox esto nunca había sucedido en nuestro restaurante – el dueño del restaurante se me acerca avergonzado–. Le ofrezco disculpas y también a su esposa, ella y su hija son clientes frecuentes al igual que usted. 

Vi la expresión de asombro de Tom que llevaba el teléfono pegado a la oreja ante las palabras del dueño del restaurante. 

— ¿Te encuentras bien? –al acercarme a Olivia tuve que contener la respiración ante el pestilente olor, lo que le había lanzado el imbécil era agua sacada de la basura o algo por el estilo. 

— Necesito ir al baño y luego irme de aquí. 

— ¡Uy si mami porque hueles horrible, pareces zorrillo! – Martina se tapa la nariz con una mano y se aleja, tuve que apretar los labios para no dejar escapar una carcajada. 

— Regreso en un momento. 

Olivia se aleja, con pasos inseguros hacia el baño de mujeres. 

— ¿Martina te encuentras bien? ¿te golpeaste? 

— Sí, estoy bien, solo fue un golpecito. 

— No me mientas, vi que te dolió – la pequeña sonríe con cierta amargura. 

— Damián tranquilo, por mi enfermedad los golpes causan el triple de dolor, pero ya estoy acostumbrada– me dice encogiéndose de hombros y mi corazón se apretó, no pude evitar sentirme incómodo con sus palabras. 

La rabia emergió nuevamente y estuve a punto de lanzarme sobre el idiota y molerlo a golpes. 

— La… policía ya viene en camino. Insisto que me parece una medida algo exagerada, solo es un fan de Brandy y… 

— ¿Exagerada? – Martina interrumpe a Tom con sus brazos cruzados y con el ceño fruncido por el enojo–. A ver, vamos a lanzarte agua asquerosa sobre tu traje costoso y vemos si te parece exagerado o no.

— Ella tiene razón –dije poniéndome del lado de Martina–. Tengo que poner un precedente Tom, ahora no se trata solo de mí, no voy a dejar que nadie se crea con derecho de agredir a mi familia solo porque no apoya mis decisiones. 

La policía llego unos minutos después y me permitieron levantar la denuncia en contra del idiota fan de Brandy. Ser famoso y amado por la gente tiene sus ventajas y en este caso lo usé.

Los policías entendieron que mi arrebato al dejar al desgraciado como saco de boxeo fue justificado, no sin antes recibir una retahíla sobre la no violencia. 

Martina ahora está sentada disfrutando de una buena hamburguesa y solo le ruego a dios que pueda comerlas porque si Olivia sale y nos descubre seguramente terminaré tres metros bajo tierra. 

— Señor Lennox conseguí este uniforme para su esposa, sé que no es ropa a la que ella está acostumbrada, pero al menos no se ira con esa ropa mal oliente — me entrega el dueño del restaurante. 

— Muchas gracias, se la llevaré, Martina te quedas aquí. 

— No te preocupes, no me moveré de aquí hasta terminar con mis papitas. 

Toco la puerta del baño de mujeres. 

— Olivia, el dueño te consiguió algo de ropa –no me responde– ¿estás bien? 

— Estoy bien –dice del otro lado, pero con un tono seco y áspero. 

— Voy a dejarte la ropa al pie de la puerta. 

Espero solo unos segundos antes de alejarme, seguramente me está odiando, aunque no debería importarme si me odia más de lo que ya solía hacerlo, aunque nunca entenderé el por qué.

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