Olivia.-
Los días de descanso acabaron, ya era el momento de regresar con los deberes en la empresa y no comenzaban bien, porque Damián debía venir conmigo a la empresa y esta mañana no estaba en la casa.
— Que tengas un lindo día, hija – abrazo a Martina, antes de que se baje del auto.
— Igual tú, má.
Por órdenes del señor Owen y en vista de lo sucedido en el restaurante, Martina y yo no salimos de la casa sin protección, observo desde el auto al hombre musculoso y de traje negro que pare