Los días de descanso acabaron, ya era el momento de regresar con los deberes en la empresa y no comenzaban bien, porque Damián debía venir conmigo a la empresa y esta mañana no estaba en la casa.
— Que tengas un lindo día, hija – abrazo a Martina, antes de que se baje del auto. — Igual tú, má. Por órdenes del señor Owen y en vista de lo sucedido en el restaurante, Martina y yo no salimos de la casa sin protección, observo desde el auto al hombre musculoso y de traje negro que parece un agente del FBI acompañándola. A Martina no le agrada mucho la idea, pero entendía que era por seguridad, aunque me incomodara lo soportaba. Cuando el auto avanza, el chofer coloca la radio de inmediato comienza a sonar la canción de Damián, le presto atención a la letra. “Entre tú y yo, hay un mar de dudas, pero mi amor busca esa luz, no quiero ser un obstáculo en tu camino, solo quiero ser para ti mi amor mi lugar, aunque no me soportes aquí estaré…” Me deja un poco sorprendida, ¿a quién le habrá dedicado esa canción? ¿O en quien se habrá inspirado? Sonrío con amargura, claro que ya tengo la respuesta a esa pregunta, solo que es una canción muy hermosa para esa nefasta psicópata de Brandy. — Señora llegamos, tiene visitas. Salgo de mi letargo y mi ansiedad reaparece al ver paparazzi en la entrada del estacionamiento de la empresa. — ¿Puedes acelerar y llevártelos por delante? –mi chofer llamado Charlie sonríe sin separar los labios–. Olvídalo, sigue. Cuando el auto avanza los flashes de las cámaras y las personas se lanzan sobre el auto, me encojo en el asiento tapando mi rostro aunque los vidrios están polarizados. Dejo escapar el aire contenido cuando avanzamos y los dejamos atrás. — Pronto se acostumbrará. — Eso lo dudo mucho Charlie, muchas gracias por traerme y por favor no llegues tarde a buscar a Martina –me da un asentimiento con amabilidad. Al entrar a la empresa siento que todos los ojos están puestos sobre mí, murmurando algunos de manera muy descarada. — Buen día jefa –mi asistente me alcanza, entregándome mi respectivo té de menta, llevando varios folders en su otro brazo. — Tony, veo que ya la noticia se regó como pólvora. — ¿Qué esperabas? Te casaste con el nieto del dueño y futuro presidente del imperio Lennox, lo que me lleva a preguntar ¿desde cuándo tú y él? ¿su relación con Brandy era solo mediática? –se detiene y abra los ojos de par en par–. Tuviste una noche de sexo ardiente en la oficina y quedaste embarazada, por esto te casaste. — ¡No digas estupideces! –me alejo de ella sintiendo como el corazón me late tan fuerte, porque lo que decía Tony no era tan falso después de todo–. mi agenda para hoy. — Sí, sobre eso se me olvidó decirte que… Cuando abro la puerta de mi oficina, Damián estaba sentado en mi escritorio, con un traje hecho a la medida, azul marino y una corbata de color rojo, se había rebajado un poco la barba. “¡Dios, jodidamente sexy!” grito mi mente. — Buen día –saluda con una gran sonrisa–. Asumí que acompañarías a Martina al colegio y quise adelantarme para empaparme un poco de cómo van las cosas por acá. — El señor Lennox llegó más temprano y te espera en tu oficina, su café señor Lennox –Tony se acerca dejando el café en el escritorio. — Gracias Tony, eres muy amable –le dice sacando a relucir todo ese encanto que hace que todas las mujeres se rindan ante él. “Igual que tú, querida” –vuelve a recordarme mi consciencia entrometida. — Perfecto, ¿te levantas de mi escritorio? Asumo que el señor Owen se dedicará a su salud, tu oficina será la de él, no tienes que estar en la mía. Damián se pone de pie y se acerca a mi cuerpo tanto que puedo percibir el aroma de su loción y su aliento caliente sobre mi rostro. — ¿Te incomoda mi presencia, esposa mía? –las palabras en sus labios hicieron que se me erizara toda la piel. Esto definitivamente no iba a ser nada sencillo, porque estas sensaciones seguían aflorando y estaban desbocadas. — N…no juegues, apártate. — Solo estoy intentando demostrar que somos una pareja feliz y enamorada, como tú lo sugeriste. — Sí, pero ahora estamos solos –las comisuras de sus labios se curvaron hacia arriba, en su rostro se dibujaba una sonrisa un poco perversa y algo divertida. — Ni, lo sueñes –le advierto–. Lo que pasó aquella noche no volverá a suceder. Simplemente las palabras salieron de mi boca sin pensar, Damián me miraba fijamente a los ojos, tanto que evité tener esta conversación y yo solita, sin ayuda de nadie, metí la pata hasta fondo. — Pensé que nunca hablarías de eso –me dice apoyándose con los brazos cruzados sobre mi escritorio. — No… hay nada de hablar, ambos estábamos con unos tragos de más y… — ¿Y? –noté en su mirada un cierto desconcierto y algo de nerviosismo en su tono de voz. Sus ojos bajaron a mi vientre, entendí a lo que se refería, pero no iba a aclararle esa duda, si le decía que me había hecho la prueba le estaría confirmando que tuve la duda o hasta pensará que estoy embarazada y no se lo he dicho. — ¿Y qué, Damián? — Esa noche no nos cuidamos Olivia, lo sé, busqué el condón por toda la habitación a menos que tú… — ¡Ay, no, por dios! ¿Para qué me llevaría un condón usado, estás loco? Puedes quedarte tranquilo, no estoy embarazada. — ¿Cómo lo sabes? ¿te hiciste una prueba? — No, hace poco tuve mi ciclo –respondí con mis mejillas ardiendo de vergüenza –. Igual tampoco es que hayas durado toda la noche, si duró tres minutos fue mucho. Tomo mucho de mí para no dejar escapar una carcajada, de reojo podía ver sus ojos entrecerrados. — Pues yo recuerdo otra cosa –de inmediato dejé de teclear en mi laptop, se acercó poniéndose detrás de mí, su rostro muy cerca del mío–. Recuerdo, tu hermoso cuerpo, tus caricias y tus uñas clavándose en mi espalda, besando mis tatuajes. — ¡SUFICIENTE! No sé qué pretendes, lo que pasó… pasó y ya quedó en el olvido. — ¿De verdad? –me acorrala entre su cuerpo y el escritorio, no puedo evitar que mi respiración se acelere –podemos hacer que esto funcione Olivia, ¿por qué no…? — ¡DAMIÁN! –ambos giramos nuestros rostros hacia la puerta, abriéndose abruptamente.