Melodía De La Infancia

Damián.-

Ha pasado más de un mes, más que el agotamiento físico, el mental y emocional me estaban aplastando, la duda de que Olivia pueda o no estar embarazada, me estresa por completo. 

La situación con Brandy no ha sido fácil, presentándose en tres ocasiones en los hoteles en los que he estado hospedado, pero todo se puso peor cuando mi cuerpo no reaccionó y no pude tener sexo con ella. 

— ¿Cómo haremos a partir de ahora? –las cosas con Tom tampoco han estado fáciles –tengo la entrada prohibida a tu empresa así qué… 

Deja la expectativa en el aire. 

— No lo sé, primero veré como están las cosas al regresar. 

— Podrías utilizar a tu nueva esposa –me tensé cuando la mencionó –llévate bien con ella, úsala para que convenza a tu abuelo y así yo pueda tener acceso y ayudarte. 

— Tom ¿Qué sabes tú de inversiones, finanzas, llevar una empresa? Y te digo algo, no quiero involucrarme con Olivia a menos que sea estrictamente necesario, estaré en contacto contigo, solo te pido que me ayudes con Brandy. 

(…) 

Observo desde afuera mi nuevo hogar, rodé los ojos apoyando mi cabeza en el asiento, por el espejo me observaba mi chofer. Agradecía el silencio en el auto hasta que… escuché una melodía que provenía del interior de la enorme casa. 

Había olvidado que traerían el piano que mi abuela me había heredado, lo entregarían hoy, me bajo rápidamente del auto, a medida que  me voy acercando la melodía se intensifica y mi furia aparece. Ese es mi piano nadie debe tocarlo.

Abro la maldita puerta, todo el lugar resuena con las teclas siendo tocadas con un nivel experto, me detengo en seco cuando veo a una niña, tenía los ojos cerrados, me sorprendió el talento que tenía la pequeña al tocar. 

Podía ver la pasión con la que tocaba, estaba embelesado viéndola. 

— ¡Por dios, me asustaste! –pega un brinco levantándose rápidamente –. ¡Uhm…! Disculpa no quise abusar… es solo que ver un piano… es mucha tentación para mí. 

Se disculpa con timidez, un poco sonrojada. 

— No te preocupes, tocas, hermoso, tú debes ser la hija de Olivia –me muestra una enorme sonrisa. 

— Si –me extiende su mano–. soy Martina ¿De verdad no te molesta? 

— No, me alegra no ser el único en esta casa que aprecie la música. 

Me señala los audífonos que rodean su cuello. 

— Soy una amante de la música, mi sueño es convertirme en una pianista muy famosa, aunque no sé si pueda lograrlo –su sonrisa se desvanece, comenta con tristeza. 

— ¿Por qué no lo lograrías? Tienes el talento 

Justo cuando iba a responderme, la puerta se abrió haciéndonos girar a ambos y allí estaba ella… mi esposa. 

— Martina ¿Por qué no me avisaste que saldrías más temprano de la escuela? 

Pregunta sin dejar de mirarme con cautela, elijo quedarme en silencio. 

— Uno de mis maestros no llegó y me sentí un poco mal –respondió la pequeña de manera brusca cruzando sus brazos. 

Cuando la pequeña dijo eso, Olivia se puso tan blanca como el papel. 

— ¿Estás bien? ¿Qué sientes? ¿Por qué no me llamaste? 

Sus preguntas salían como una ametralladora, cargadas con preocupación genuina.

— Mamá estoy bien, creo que solo fue por el calor, tuvimos deporte ¿ya me dejas en paz?

— ¿Deporte? Sabes que no puedes esforzarte. 

— ¡Si mamá! –responde la pequeña con un deje de fastidio–. ¿crees que no lo sé?  

— Cariño solo me preocupo –Martina giró sus ojos hacia arriba–. ve a darte un baño, es hora del almuerzo. 

— Sí, mamá como órdenes. –la pequeña se alejó de mala gana de nosotros, dejando un aire tenso, aún no recordaba lo que había pasado esa noche, de manera involuntaria desvié la mirada hacia su vientre. 

“Eres idiota, apenas solo pasó un mes” 

— Eres un poco sobreprotectora ¿no te parece? 

En ese momento sentí que estaba cavando mi propia tumba, la mirada que me lanzó me habría dejado en cenizas. 

— Dejemos algo muy claro, podremos vivir bajo el mismo techo, no estás feliz, no estoy feliz, pero no nos queda de otra, no te tomes derecho a opinar sobre mi hija o mi trabajo como madre, porque no tienes idea y te agradezco que te alejes de Martina. 

El aire se tornó pesado y sus ojos se endurecieron. 

— ¿Y qué quieres que haga? ¿Qué simplemente la ignore? 

— Hablaré con ella, pero no te involucres con mi hija, nada de lo que tenga que ver con ella tiene que ver contigo. 

“Mamá osa despertó” 

Me encogí de hombros, sintiéndome como un idiota, pero tiene razón. 

Las ganas por preguntarle sobre esa noche me carcomen, pero en este momento que he despertado a la fiera es mejor no tentar mi suerte.

— Nosotras estamos quedándonos en planta baja Martina no puede subir escaleras por su condición, no quiero que las cosas sean más difíciles de lo que ya están. 

— Comprendo, ¿Cómo han estado las cosas esta semana? –pregunté intentando tantear un poco el terreno, no pude evitar que mis ojos se fijaran nuevamente en su vientre. 

— Tu fama me está afectando, y tu ex se ha encargado de ponerme como la mala de la película. 

— Brandy no es ese tipo de mujer –ella se ríe con descaro. 

— Pues veo que estás actualizado en las noticias, sé que no está en el contrato, pero necesito que me ayudes a controlar a tu ex, fuiste tú quien eligió este matrimonio, sí, yo me beneficio mucho, pero mi reputación no puede verse afectada. 

— ¿Y entonces que propones? ¿Qué finjamos estar más enamorados? 

— Sí –responde sin dudar–. tengo una hija y por lo menos en el tiempo en el que estemos juntos, no quiero que se entere de más escándalos o especulaciones. 

— Estoy de acuerdo en actuar en pro de Martina, ella me cae bien, pero… como dices no está en el acuerdo así que… –me acerco a ella acortando la distancia, acorralándola entre mi piano y  mi cuerpo–. ¿qué me darás a cambio?  

Pude ver como su cuerpo se tensó, subía y bajaba, un tanto agitado, sus labios perfectos y rosados se separaron un poco eran tan… provocativos que sentí la tentación de… 

— No te equivoques conmigo Damon, después de todo solo soy una mujer promedio que nunca llegaría a conquistar a un dios como tú.

Sus palabras me dejaron de piedra, acababa de comprender la razón por la que esta mujer me odia. 

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