Capítulo 91 —La Sentencia en la vereda
El amanecer en Manhattan no era una explosión de luz, sino un filtrado grisáceo y frío que comenzaba a lamer las aristas de los rascacielos. El aire de las siete de la mañana olía a asfalto húmedo y a café quemado. Alessia y Enrico caminaban hacia el deportivo estacionado a unos metros del Diner, sus sombras alargándose sobre la acera vacía.
A mitad de camino, Alessia se detuvo. El eco de sus botas contra el cemento cesó de golpe, obligando a Enrico a frena