Capítulo 90 —Hamburguesas
El vapor de la ducha aún se aferraba a sus pieles cuando salieron al aire acondicionado de la habitación. Enrico, con una toalla enrollada a la cintura que dejaba a la vista las marcas rojas de las cuerdas y los mordiscos de Alessia, caminó directamente hacia el teléfono del hotel con esa zancada de quien es dueño de todo lo que pisa.
—Voy a pedir algo de comer —anunció, levantando el auricular—. Muero de hambre. Siento que podría devorar un buey entero.
Alessia, secánd