Capítulo 97 —Guarida del Diablo
En el ático de su hotel, Enrico Conti permanecía inmóvil frente al ventanal, observando el parpadeo de las luces de la ciudad como si fueran las brasas de un incendio que él mismo había provocado.
Enrico no era un hombre dado a la improvisación. Cada paso que daba en suelo estadounidense había sido calculado con la precisión de un relojero siciliano, pero sabía que había llegado al punto de no retorno. Alessia Russo era el incendio, la fuerza de la naturaleza que