Capítulo 89 —El Silencio de los Demonios
El silencio que siguió al acto de hacer el amor fue, para Alessia, mucho más ensordecedor que el fragor de la batalla o el jadeo del deseo. Mientras el calor del cuerpo de Enrico comenzaba a disiparse sobre su piel, una punzada de pánico, fría y afilada, le atravesó el pecho. Se quedó inmóvil, mirando el techo de la habitación, procesando la vulnerabilidad absoluta que acababa de permitir. Había sido amarrada. No con cuerdas, ni con armas, sino con una t