Capítulo 33 —El Refugio del Pecado
El rugido del motor del deportivo de Enrico se extinguió mucho antes de que él cruzara el umbral del barrio privado, pero el silencio que dejó a su paso era mucho más violento. Enrico no entró; invadió. Cada una de sus pisadas sobre el mármol resonaba con la furia de un hombre que acaba de salir de una fosa de leones.
Alessia estaba en el salón, de pie junto al ventanal. No se movió cuando lo oyó llegar, pero sus hombros se tensaron. Conocía esa vibración en el