Capítulo 32 —El Peso de la Corona
El silencio en el penthouse de la Vía Veneto se volvió tan denso que se podía sentir en los pulmones. Enrico Conti permanecía de pie, con la mano aún cerca de la cristalería, observando cómo los pilares de la mafia mundial se preparaban para retirarse. La atmósfera comenzó a distenderse, pero era una calma artificial, similar a la que precede a un terremoto de gran magnitud.
Roman Adler, el Diablo, dejó su copa vacía sobre la mesa de nogal. El sonido del cristal