Aquella promesa de Ethan, pronto se fue volviendo una costumbre. Cada vez que podían, Jazmín se colaba en la habitación de Ethan, y el amor que se juraban en la intimidad encontraba su despertar en la calidez de sus brazos.
Con el tiempo, su vínculo dejó de ser solo un secreto de puertas cerradas; cada vez más compartían juntos, la hora de la comida, las risas, las miradas cómplices y esos silencios que hablaban más que las palabras. Oliver, con su ternura y su inocente alegría, se convirtió