Jane entró al apartamento azotando la puerta con furia. La llamada inesperada de su madre había terminado por encender la chispa que le faltaba para estallar.
Ethan había llegado al colmo: había echado a su propia madre de la casa. Aún era su esposa, se repetía. Todavía tenía derechos en ese lugar.
Tenía que encontrar la forma de deshacerse de esa niñera lo antes posible.
—¡Vaya, veo que vienes de mal humor! —comentó Hassan, sin moverse del sofá, acomodando los pies con desdén sobre los coji