Ethan condujo hasta el club, el calor era intenso, pero el cielo despejado lo animaba. Llegó al club un minuto antes de lo previsto, siempre puntual como suele serlo. Saludó con un ligero movimiento de cabeza a algunos conocidos con quienes se cruzó en el vestíbulo. Se dirigió directamente a la cancha, sin detenerse, con su impecable uniforme blanco y la raqueta colgada del hombro.
Mateo ya lo estaba esperando, realizaba algunos saques de calentamiento contra la red.
—Creí que no vendrías —c