—¡Ay, papi, te veo distinto!
—Mari, ¿qué cosas dices?
—¡De verdad, papi!, como más rozagante, contento y guapetón que de costumbre.
Contener la carcajada resultó imposible. Mi muy observadora niña, siempre ha sido capaz de percibir cosas, inclusive a través de la pantalla, como aquel día. Aunque me hizo reír, tuve que fingir una calma de la cual carecía por completo y todo gracias al temor de que ella me descubriera.
En realidad, yo seguía sin creerlo. El pensamiento cruzó mi mente en el peor m