—Parece que interrumpo algo importante.
La voz de Oli sonó desde la puerta, provocó un respingo, así fui consciente del lugar en que me hallaba y por inercia crucé las piernas para ocultar una evidencia que ya de por sí el escritorio encubría. Alejé la vista de la pantalla del celular al mismo tiempo que la apagué para observar a mi hijo, espantado. Él se veía serio, quizás curioso o extrañado, me sentí tan nervioso por la repentina irrupción que resultó difícil leer lo que su rostro expresaba,