Perdidos.

Ya duchada y cambiada, Beatrice aguarda en la cama. De repente, recuerda su SUV, sus cosas… Está por levantarse pero invaden su cuarto. Raúl, con una sonrisa tenue, bandeja de comida en la mano, y Valentina con una taza de café.

—Yo llevo esto porque papá es un poco torpe…

Raúl ríe, divertido. Beatrice ve entre ambos, una punzada de miedo, pero también paz. Y cuando él la mira, como si estuviera diciéndole “confía en mí”, ella intenta dejarse llevar.

—¿Sabe hacer arepas? —cuestiona, sonrojada.

—Debería saberlo… —murmura él, guiñándole el ojo.

Así que ella come, realmente hambrienta, disfrutando de cada bocado, pero también enfocada en la historia de su hija sobre lo que hicieron mientras ella dormía. Algo sobre dibujar, cocinar, enviar a Lizzie a su casa. Y los planes sobre esta noche.

Después de que la comida acaba y bajan, Raúl se arrodilla frente a la niña.

—Nos veremos esta noche, ¿de acuerdo, hija? —dice, por lo que ella guinda los bracitos de su cuello masculino y besa su mejill
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