Karina se lleva a Beatrice de la sala al verla pálida y a punto de derrumbarse. Raúl traga hondo la necesidad de consolarla para enfocarse en su pequeña hija.
Sabe que lo ha confesado tarde. Sabe que podría empeorar todo. Pero no podía permitir que lo alejara de su hija.
—¿Quieres sentarte? —cuestiona la pequeña.
Raúl pasa la lengua por sus propios labios, nervioso. Quiere negarse pero puede ver las ojeras debajo en sus ojitos síntoma de que ha llorado mucho. Le parte el corazón. Entonces se si