Beatrice abre los ojos y lo primero que hace es intentar no despertar a su hija. Tristemente, hoy es Navidad. Y para su mala suerte, no se hizo cargo de comprar ningún regalo. Se regaña por eso.
Estuvo tan sumida en Raúl, en el desastre de Family Linkash, que olvidó el regalo de su hija. Sin embargo, sabe que el regalo que más anhelaba Valentina era pasar estas fechas con la familia y… también le falló en eso.
Decidió confiar su vida entera en las manos de un completo desconocido.
Y falló.
No deja de repetírselo. Es lo que más la atormenta.
Una vez que llega a su habitación, hace una llamada a Karina, pidiéndole con urgencia su intervención. Para cuando Karina llega al departamento unas dos horas después, la niña todavía está dormida.
Beatrice le agradece lo que está haciendo. Toma la canasta en las manos de la pelicorto y esboza una pequeña sonrisa al ver el regalo. Un pequeño gato británico de pelaje gris espeso y ojos casi dorados.
En cuanto Beatrice se agacha hacia el sofá y acaric