Punto de vista Madison
Cada minuto en ese avión parecía eterno. No podía creerlo: mi Maximiliano, mi amor, estaba vivo. Las manos me temblaban como si fueran a desprenderse de mis muñecas, y los nervios en mi estómago eran insoportables. ¡Qué sensación tan terrible!
Finalmente, el piloto anunció nuestro aterrizaje.
—Ponte el cinturón de seguridad, mi amor —le dije a Mía.
—Sí, Madison . Estoy tan feliz. Llegué a pensar por un momento que papá estaba muerto, y eso me provocaba un dolor muy fuert