La maldad no tiene descanso

Narrador

Mientras que Maximiliano y Madison vivían su idilio, en cualquier parte del océano, una gran embarcación se desplazaba hacia los puertos de Rockefeller, Samantha había planeado cada uno de sus movimientos para poder acabar con Maximiliano y darle en donde más le dolía.

Sacó su telefono e hizo una llamada.

—¿Estás en tu casa?

—Sí Samantha , ya te dije que de aquí no me he movido , el cabrón de mi tío me tiene perseguido por todos lados, no tengo hombres que me cuiden ahora, no tengo
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