La tarde se asomaba cuando el vehículo que había traído a Renata se detuvo frente a la imponente entrada de la Mansión Vegetti, el cielo teñido de tonos cálidos contrastaba con el peso que llevaba en el pecho, un peso que no lograba disipar ni con el aire fresco que rozó su rostro al bajar del taxi, sus pasos fueron más lentos de lo habitual, no por duda, sino por la carga emocional que arrastraba consigo, su mente aún resonaba con las palabras de Claudia, con el eco de aquel golpe que no solo