Le daré mi cuerpo, no mi corazon

El amanecer se filtraba a través de los ventanales de la Mansión Vegetti con una luz tenue, elegante, casi fría, como si aquel lugar incluso en las primeras horas del día se negara a ser cálido, y el vehículo de Sebastian se detuvo con precisión frente a la entrada principal, los motores se apagaron en perfecta sincronía y el silencio volvió a apoderarse del ambiente con una solemnidad casi intimidante, Renata observó por la ventana unos segundos antes de bajar, su reflejo le devolvió una image
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