Mundo ficciónIniciar sesiónArabella solo quería ser una buena esposa y una servidora que no causara problemas. Una sola noche destruyó ambas cosas a la vez. Christian, su esposo, la llamó prostituta. Dominic, su amo, se encargó de demostrarlo. Arabella permaneció en silencio; no por miedo, sino porque no tenía ningún otro lugar a donde ir.
Leer másEsa noche, Ana lo dispuso todo a la perfección.En la lujosa suite del hotel donde se hospedaban, Ana había ambientado el espacio con un cuidado meticuloso. Velas de aromaterapia ardían en cada rincón de la estancia, proyectando una luz tenue, cálida y romántica. Pétalos de rosas rojas alfombraban el suelo de mármol blanco, trazando un camino desde la entrada principal hingga el dormitorio. Sobre la mesa de noche, junto a la cama, una botella de una costosa champaña ya se encontraba abierta, flanqueada por dos copas de cristal que centelleaban bajo la penumbra.Ana vestía un sutil camisón de seda guinda, fino y transparente, que delineaba con gracia las curvas de su silueta. Su larga cabellera rubia caía desparramada sobre sus hombros, su maquillaje lucía impecable y el costoso perfume que portaba impregnaba el aire con una fragancia embriagadora.Sin embargo, detrás de todo aquel esplendor, se ocultaba un detalle invisible a los ojos.Un polvo fino y blanquecino que ella misma había
Esa noche, en la lujosa suite del hotel de cinco estrellas en el centro de Madrid, Ana permanecía sentada en el borde de la cama magnífica con un sutil camisón de seda guinda. Su larga cabellera rubia caía con gracia sobre sus hombros, su maquillaje lucía impecable y un perfume costoso se dispersaba por toda la habitación. Había estado esperando a Dominic por casi dos horas.Dominic continuaba en el despacho. Otra vez. Siempre otra vez.Ana se mordió el labio inferior, conteniendo una rabia que empezaba a desbordarse. Aquella era ya la décima noche de su matrimonio, y Dominic ni una sola vez la había tocado. Ni una sola vez la había llevado a la cama. Ni una sola vez había manifestado el deseo propio de un esposo.Cada noche, Dominic siempre tenía un pretexto. «Estoy agotado, Ana». «Aún tengo asuntos pendientes». «No me siento muy bien». «Mañana tengo una reunión crucial». La misma excusa, una y otra vez, sin la menor variación.Ana se incorporó de la cama y se dirigió al despacho a p
Mobil hitam mewah itu merayap perlahan di jalanan Ashford Falls. Di dalam, Dominic duduk di kursi belakang, ekspresinya sulit ditebak. Perjalanan singkatnya ke kota tua itu bukan untuk urusan bisnis, melainkan untuk dorongan yang tak bisa ia kendalikan: keinginan yang sangat besar untuk melihat Bella sekali lagi. Dan melihatnya. Dari balik jendela yang gelap, ia mengamati Bella duduk di beranda rumah kecilnya, menggendong Lucas dengan Christian di sampingnya. Mereka tertawa. Mereka bahagia. Mereka tampak sempurna.Ia merasakan sensasi terbakar di dadanya. Sesuatu menggerogoti batinnya. Kecemburuan. Iri hati. Dorongan tak terkendali untuk merebut Bella dari Christian. Untuk mengklaim Lucas, yang bisa jadi adalah putranya sendiri. Untuk menghancurkan kebahagiaan yang terbentang di depan matanya.Dominic menggigit bibir bawahnya. Tangannya, yang menggenggam telepon seluler, mengepal begitu erat hingga buku-buku jarinya memutih.Mereka bahagia. Bella bahagia bersama Christian. Lucas bahag
El lujoso automóvil negro avanzaba a paso lento por las calles de Madrid con destino al aeropuerto. En el interior del vehículo, Dominic ocupaba el asiento trasero con una expresión que ya no era capaz de ocultar: el cansancio, el hastío y una frustración contenida se dibujaban en sus facciones. A su lado, Ana lucía una sonrisa radiante; mantenía su mano firmemente entrelazada dengan la de él, como si temiera que pudiera desvanecerse en cualquier instante.—Le pediré a mis hombres que preparen el avión —comentó Dominic, intentando buscar una última rendija legal o algún pretexto para postergar, o incluso anular, aquella travesía.Ana soltó una pequeña risa.—Ya me encargué de todo, Dom. Nosotros solo debemos subirnos y partir.Dominic liberó un prolongado suspiro. Clavó sus ojos oscuros en la ventanilla, observando cómo las edificaciones de Madrid se diluían en la distancia.Esta es la primera vez en mi vida que me veo obligado a ceder ante los deseos ajenos. Ana, eres una mujer compl
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