El interior de la Mansión Vegetti se encontraba en una calma engañosa, de esas que parecían sostenerse por hilos invisibles a punto de romperse, y en medio de aquel silencio elegante, Renata caminaba por el pasillo con pasos firmes, aunque su mente estaba lejos de ser tranquila, sus dedos se cerraban con suavidad alrededor de su bolso mientras descendía las escaleras, su mirada estaba fija, decidida, como si hubiera tomado una resolución que no pensaba cuestionar.
Se detuvo un instante en el ú