La luz de la tarde se filtraba por los ventanales de la suite, tiñendo el ambiente de tonos dorados que parecían envolverlo todo en una calma engañosa.
Renata estaba sentada frente a la mesa, pero ya no observaba la ciudad.
Observaba a Sebastian.
Y esa simple acción… parecía suficiente para alterar el ritmo de su respiración.
Él, por su parte, no tenía prisa.
Nunca la tenía.
Sostenía una copa de vino entre sus dedos, girándola con una tranquilidad casi irritante, como si cada segundo estuviera