La tarde ya había caído cuando Renata pidió ver a Sebastian.
No fue una solicitud impulsiva.
Tampoco emocional.
Fue precisa.
Casi clínica.
Y eso, en sí mismo, ya decía mucho de lo que estaba ocurriendo dentro de ella.
La asistente de Sebastian la hizo pasar sin demora.
La oficina estaba en penumbra parcial, iluminada solo por la luz dorada del exterior y algunas lámparas encendidas sobre el escritorio.
Sebastian estaba de pie frente a los ventanales, con la corbata aflojada y el saco pe