La verdadera cara de mi hermano.
La mañana avanzaba con un ritmo completamente distinto en dos mundos que, aunque cercanos, parecían pertenecer a realidades opuestas.
En uno, la ilusión.
En el otro, la furia.
Claudia se observaba frente al espejo de cuerpo completo, completamente inmóvil.
La boutique estaba en silencio absoluto.
Nadie se atrevía a interrumpir ese momento.
Ni la diseñadora.
Ni las asistentes.
Ni siquiera la gerente que, con una sonrisa rígida, mantenía las manos entrelazadas frente a su cuerpo.
Porque Claudia…