El edificio aún vibraba con el eco de la audiencia cuando Renata salió al exterior.
El aire le golpeó el rostro con suavidad, pero no fue suficiente para calmar la intensidad que aún recorría su cuerpo.
Quince días.
Había conseguido quince días.
Sus dedos se cerraron levemente alrededor de la carpeta que llevaba. No temblaban… pero la adrenalina seguía allí, latiendo bajo su piel como un secreto imposible de ignorar.
—Te ves demasiado seria para alguien que acaba de sacudir una sala entera.
La