El alta médica llegó sin ceremonia, sin emoción, sin alivio para alguien como Antonio Vegetti, el hospital nunca fue un lugar de descanso, fue una pausa forzada, una interrupción y ahora había terminado, puesto que lo que mas deseaba el hombre era desaparecer de alli.
Antonio salió de la clínica con paso firme.
Impecable, su porte intacto, como si el accidente no hubiera sido más que una molestia menor, un inconveniente en su agenda, pero sus ojos no reflejaban calma.
Eran oscuros y fríos. C