Las puertas del hotel se abrieron en cuanto el vehículo se detuvo, no hubo necesidad de anunciarse, no hubo preguntas, solo respeto silencioso inmediato.
Renata descendió con cuidado. Sus zapatos tocaron el suelo pulido mientras su mirada se alzaba lentamente. El edificio frente a ella no era solo un hotel. Era imponente. Cristales altos que reflejaban el cielo de la tarde. Detalles en mármol.
Una arquitectura que hablaba de riqueza, de poder de un mundo al que ella no pertenecía. Pese a esta