HORAS ANTES
La oscuridad envolvía el viejo almacén con una densidad casi asfixiante. La humedad impregnaba los muros de concreto y el aire olía a polvo, metal oxidado y madera envejecida. Durante horas, Sebastian Vegetti había permanecido sentado contra una de las columnas centrales con las manos inmovilizadas, observando en silencio cada rincón del lugar mientras aparentaba un agotamiento mucho mayor del que realmente sentía. Quienes lo vigilaban estaban convencidos de que el cansancio, la he