La noche había terminado convirtiéndose en una aliada tan impredecible como peligrosa. La oscuridad cubría los caminos de tierra que rodeaban el antiguo almacén mientras Sebastian Vegetti continuaba avanzando con el hombro ensangrentado y la respiración cada vez más pesada. Cada paso parecía exigirle un esfuerzo descomunal, pero su voluntad seguía imponiéndose sobre el dolor. Había aprendido hacía muchos años que el cuerpo siempre encontraba una excusa para rendirse antes que la mente, y precis