El sonido del mar era constante, relajante, hipnótico, la noche estaba cayendo lentamente sobre la isla, el cielo se había teñido de tonos violetas y oscuros, las estrellas comenzaban a aparecer, una a una y en la playa privada del hotel la eescena parecía sacada de un sueño.
Una mesa baja, y las luces cálidas colgando entre las palmeras. Copas. Botellas y una fogata encendida que crepitaba suavemente, Renata estaba descalza.
La arena tibia bajo sus pies. El vestido ligero moviéndose con la bri