El yate redujo la velocidad poco a poco, el sonido del motor se volvió más suave, más distante, como si respetara la calma del lugar al que estaban llegando.
Renata abrió los ojos lentamente. Su cuerpo aún estaba pesado por el sueño.
Pero algo la hizo incorporarse.
La luz.
Una luz distinta.
Más brillante.
Más limpia.
Parpadeó varias veces y cuando sus ojos finalmente se enfocaron se quedó sin aliento, se levantó de la cama caminó hacia la ventana y entonces lo vio.
La isla, er irreal.