La lluvia continuó cayendo durante gran parte de la noche.
La mansión Vegetti, normalmente imponente y llena de vida, parecía envuelta en una extraña tristeza.
Como si incluso las paredes percibieran que algo se había roto.
Algo importante.
Algo difícil de reparar.
Después de aquella conversación, Renata se había encerrado en una de las habitaciones de invitados.
No quería compartir la misma habitación que Sebastian.
No podía.
Todavía no.
Necesitaba espacio.
Necesitaba silencio.
Nece