El sol comenzaba a ocultarse lentamente sobre el horizonte cuando el inmenso yate abandonó el puerto deslizándose con una elegancia casi irreal sobre las tranquilas aguas del Mediterráneo. El cielo se teñía de tonalidades doradas, rosadas y anaranjadas que parecían fundirse con el mar en un espectáculo digno de los más bellos sueños. La brisa marina acariciaba suavemente la cubierta mientras el sonido rítmico de las olas acompañaba el lento avanzar de la embarcación. Atrás quedaban los tribunal