La noche había cubierto el mar con un manto de terciopelo oscuro salpicado por miles de estrellas. Después de contemplar durante horas el horizonte desde el yate, Sebastian condujo a Renata hasta una pequeña cala privada donde una cabaña de madera, construida frente a la playa, parecía aguardarlos desde mucho antes de que ellos llegaran. La luna llena iluminaba la arena con una luz plateada que convertía el paisaje en un escenario casi irreal, mientras el sonido pausado de las olas rompía delic