La puerta del despacho de Sebastian Vegetti se abrió con fuerza. El golpe seco contra la pared resonó en toda la habitación. Sebastian ni siquiera levantó la cabeza de inmediato. Seguía observando el plano arquitectónico extendido sobre su escritorio, como si nada importante estuviera ocurriendo. Los pasos firmes que cruzaron la oficina eran inconfundibles.
Antonio Vegetti.
Su presencia llenó el despacho como una tormenta repentina. Sebastian levantó lentamente la mirada. Sus ojos verdes enco