La puerta del despacho se cerró detrás de Antonio Vegetti con un golpe seco. El eco resonó en el pasillo del edificio de Sebastian. Pero Antonio no se detuvo. Sus pasos eran rápidos. Firmes. Casi violentos. Los empleados que se cruzaban en su camino bajaban la mirada inmediatamente.
El aura que lo rodeaba era peligrosa. Como una tormenta a punto de estallar. Antonio apretó los puños mientras caminaba hacia el ascensor. La conversación con Sebastian seguía repitiéndose en su mente. Cada palabra