CAPÍTULO 26
Bianca
El reloj digital en la mesilla de noche marcaba las 03:17 AM, pero para mí, el tiempo había dejado de tener sentido. Mis ojos ardían, arenosos por el cansancio, pero mi cerebro se negaba a apagarse. Cada vez que cerraba los párpados, la oscuridad se llenaba de destellos: la sangre en los nudillos de Jaxson, la puerta cerrada del sótano.
No podía seguir allí, me levanté, arrastrando los pies descalzos sobre la alfombra gris. Necesitaba agua. Necesitaba borrar el sabor metálico