CAPÍTULO 96
Bianca
Llevaba horas en un estado de vigilia absoluta, con el cuerpo entumecido pero la mente afilada por el miedo. Estaba recostada en la cama, envuelta en las sábanas que ya no sentía como propias, con los ojos abiertos de par en par, fijos en la penumbra del techo. El hambre ya no dolía; se había convertido en un zumbido sordo que mantenía mis sentidos en alerta máxima. Por eso, cuando escuché el primer tropiezo en el pasillo, supe que no era Lupe con su bandeja de comida, ni los