CAPÍTULO 98
Bianca
El silencio del despacho de Jaxson ya no era un refugio; era una cuenta regresiva. Escuchaba los pasos fuera de la habitación. Mis manos, que antes solo habían conocido la suavidad de las sedas y el peso de los libros, temblaban con una intensidad que me castigaba los huesos. El abrecartas de acero que sostenía se sentía patético, un juguete frente a la tormenta de plomo que se avecinaba.
"No vas a morir aquí, Bianca", me repetí, y mi voz interna ya no era la de la niña asust