CAPÍTULO 100
Jaxson
Mis párpados pesaban como si hubieran sido sellados con plomo y mis pulmones ardían con cada bocanada de aire, un aire que olía a antiséptico, a flores frescas y a ese perfume floral que conocía mejor que mi propia vida. El dolor en mi costado era un pulso constante, una brasa encendida que me recordaba que la muerte había intentado llevarme y, por alguna razón, se había arrepentido a medio camino.
Abrí los ojos. La luz de la habitación, aunque tenue, me pareció un estallido