Al ver que Andressa salió, Daniela no pierde tiempo y camina hacia el cuarto de su hija. Se acerca a la puerta.
— Hija, ¿podemos conversar un minuto? —pide, con una expresión neutra en el rostro, pero con los ojos atentos y curiosos.
Marina asiente, intentando no mostrar nerviosismo, aunque siente su corazón acelerarse levemente. Se pregunta si su madre escuchó algo o si es solo una coincidencia que esté allí.
Daniela entra en el cuarto y se sienta en el borde de la cama de su hija, la mirada f