Un frío recorre su espalda al escuchar la voz autoritaria de Víctor en el teléfono. Es imposible no sentir el impacto que él tiene sobre ella.
— Hoy es sábado, señor Ferraz, y, además, son las ocho de la noche —comenta, intentando sonar firme, pero su voz tiembla levemente.
Se reprende mentalmente por permitir que la voz de Víctor, incluso solo por teléfono, la haga sentir tan vulnerable. Su cuerpo responde contra su voluntad, con la piel erizándose.
— No me importa eso —responde él, con la voz