Cuando Marina abre los ojos, la luz suave del amanecer ya comienza a penetrar por las cortinas de la habitación. El primer sonido que escucha es la leve respiración de Víctor a su lado, pero, al girar la cabeza para observarlo, se da cuenta de que él está acostado a una buena distancia. Eso la hace suspirar de alivio. El alivio, sin embargo, es más una defensa emocional que cualquier otra cosa. No quiere más ese tipo de cercanía que, en los últimos días, había comenzado a formarse entre ellos.