Aún sin saber qué responderle a su madre, Marina continúa en silencio, sintiendo que cualquier palabra que saliera de su boca sería temblorosa y delataría el nerviosismo que la domina. Su corazón late con fuerza; la incomodidad de la situación es evidente. El silencio entre ella y su madre en la videollamada se vuelve cada vez más pesado, hasta que Daniela, del otro lado, pierde la paciencia.
— ¡Marina, dime de una vez qué está pasando! — La voz de Daniela es firme y alterada, rebosante de preo